La curiosidad pena, y el curioso se condena.
Mendiga
octubre 10, 2019
La Liebre Mendiga
En la puerta de la iglesia del pueblo estaba una liebre ociosa pidiendo limosna.
La gente del vecindario, compadecida de la pobre, le soltaba algunas monedas en el sombrero.
Alguien, dÔndose cuenta de su falsa actitud, le preguntó:
—¿QuĆ© tienes tĆŗ, tan joven y fuerte, para pedir limosna? ¿Por quĆ© no trabajas?
La muy tonta no pudo justificarse y las limosnas dejaron de llover, viƩndose obligada a buscar trabajo.
Solicitó empleo de puerta en puerta, mas nadie quiso ayudarla. Entonces, angustiada, pensó:
—¿Cómo sobrevivir si nadie me da trabajo?
Luego de grandes calamidades encontró un buen trabajo, prometiendo no volver a la mendicidad.
Moraleja:
Pereza no es pobreza; pero por ahĆ empieza



