Hombre
septiembre 22, 2019
El Hombre y la Culebra

Un hombre, con falsas promesas, capturó una culebra y la metió en un saco, condenÔndola a morir.
—Ser bueno con los malos es estupidez —le musitó— ¡SĆmbolo de la ingratitud! Voy a hacerte pedazos. AsĆ ni tu cólera ni tus dientes podrĆ”n hacerme daƱo.
—Si te juzgas leal, acepta que el sĆmbolo de la ingratitud eres tĆŗ —alegó el reptil—, pues lo que llamas justicia se basa en tus conveniencias. Mi vida estĆ” en tus manos; mĆ”tame, si ese es tu deseo.
Impresionado el hombre por la acusación, replicó:
—Por derecho me corresponde decidir de tu vida, sin embargo someterĆ© el juicio a un tercero.
Y, acto seguido, llamó a una vaca exponiĆ©ndole el caso. Ćsta, sin titubear, le argumentó:
—Para mĆ, el caso no ofrece dudas, pues la culebra tiene razón. Mi amo me cuidó mientras pude serle Ćŗtil; ahora que soy vieja, me tiene atada en el establo y casi sin alimento.
El hombre, inconforme, llamó a un buey, que advertido de la causa, apoyó a la culebra, fundamentando que Ć©l tambiĆ©n habĆa sido vĆctima de la ingratitud humana, afirmando que ahora que se siente agotado serĆ” sacrificado.
Conteniendo la ira, el hombre acudió a un viejo Ôrbol. El nuevo juez, puesto al corriente:
—La culebra tiene razón. Recuerda que antes te brindaba sombra y frutos; ahora que estoy achacoso, mutilas mis ramas haciendo leƱa para tu chimenea. Eres, pues, un ingrato.
—¡Basta! —rugió el hombre—, yo tengo la culpa de pedir consejo a imbĆ©ciles. ¡No los necesito!
Y sin contener el mal humor estrelló a la culebra contra el muro.
Moraleja:
Justicia es agravio,cuando no la aplica el sabio.
